
A 20km de Burgos encontramos esta ermita cuyo origen parece ser paleocristiano, reconstruida posiblemente en la primera repoblación de esa zona, en tiempos de Alfonso III el Magno, ya que a pesar de una serie de importantes modificaciones que sufrió en los primeros tiempos de arte románico en España y en el siglo XVIII conserva múltiples detalles que demuestran su gran relación con la arquitectura asturiana.