
Situada sobre una alta meseta, desde la que se domina un paisaje espectacular sobre un cañón que forman los ríos Rudrón y Ebro, encontramos esta pequeña ermita dedicada a las santas Centola y Elena. En su entorno se encuentran también los restos de un castillo y, dada su magnífica ubicación defensiva, es muy probable que existiera en él algún tipo de castro anterior a la época visigoda.