
La ciudad de Mérida atesora un conjunto monumental y arqueológico impresionante. Uno de los restos arqueológicos menos conocidos es el Xenodochium; está ubicado en las cercanías de la basílica de Santa Eulalia, hacia el Noreste. En la segunda mitad del siglo VI, momento en el que Mérida fue uno de los principales focos culturales y económicos de la Península Ibérica, el obispo Mausona mandó edificar un albergue para acoger a los muchos peregrinos que acudían a visitar el martyrium de la santa emeritense desde todos los puntos del Mediterráneo, y también como residencia de los enfermos menesterosos locales.